Todo esto indica que es necesario adaptar los programas de educación para la salud y entrenamiento en autocuidados al nivel de alfabetización en salud de la población a la que va dirigida si realmente queremos que los pacientes sean autónomos en sus autocuidados y cumplan el régimen terapéutico.
El paciente experto, con un buen nivel de alfabetización en salud le posiciona como persona idónea para trabajar tanto con profesionales de la salud, aportando la visión del paciente, como para el trabajo con sus iguales en una relación de pares.
El paciente experto es aquel paciente que se sabe el principal responsable de su salud, decide cuidarse, y tiene las habilidades, la motivación y la confianza para hacerlo, siempre en colaboración con el profesional sanitario.
Con su participación se consiguen importantes mejoras en todo el proceso de cuidar y cuidarse, con un claro impacto positivo en él mismo y también en el sistema sanitario en general.
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