La secuencia clínica habitual es la aparición de dolor, seguido de eritema en las horas siguientes, con la induración progresiva en los días posteriores. La ulceración y la necrosis de la piel suelen aparecer en las primeras semanas y, si no se reconoce esta situación de forma temprana, puede evolucionar gradualmente a lo largo del tiempo, llegando a afectar a tejidos profundos, como estructuras musculotendinosas y articulaciones.
Para prevenir una posible extravasación, existen una serie de recomendaciones que deben tenerse en cuenta:
- El tratamiento citostático debe ser administrado por personal sanitario entrenado y con conocimientos específicos sobre quimioterapia antineoplásica.
- Informar al paciente sobre los fármacos que vamos a infundirle y sobre el procedimiento que vamos a aplicar.
- Identificar a los pacientes de riesgo: ancianos, pacientes con incapacidad par comunicarse (inconscientes, confusos, etc.), con fragilidad capilar o trombopenia, con alteraciones de la sensibilidad.
- Elegir la vena a canalizar de forma cuidadosa, procurando que esté intacta y con buen flujo, evitando zonas de cirugía o radioterapia previas, áreas sometidas a linfadenectomía o con recidiva tumoral abyacente, venas con flebitis o que hayan sido pinchadas próximamente en las horas previas (mínimo 4 horas) y, en el caso de síndrome de vena cava superior, los dos brazos.
- En el caso de fármacos vesicantes se deben evitar, en lo posible, zonas próximas a las articulaciones (p.ej. la muñeca) y la fosa ante cubital, siendo preferibles las venas del antebrazo (basílica, cefálica). En caso de un primer intento de canalización fallido, se elegir. un segundo punto de punción más proximal (por encima).
- Lo ideal, en caso de infusiones frecuentes de fármacos vesicantes, es la colocación de un catéter venoso central (CVC) par minimizar riesgos. Hay que valorar la necesidad y adecuación de los distintos dispositivos disponibles en función de la pauta de tto. y de las características del paciente. Es importante hacer una buena valoración inicial y no esperar a que el acceso venoso este más complicado.
- El calibre del catéter debe ser el adecuado a la vena elegida y al flujo del volumen que se va infundir: calibres 22G son más que suficientes para la adecuada infusión del citostático permitiendo además un buen flujo sanguíneo para la adecuada infusión del citostático permitiendo además un buen flujo sanguíneo alrededor del catéter, evitando las posibles flebitis mecánicas. Además, siempre se acompañará de una llave de 3 vías necesaria en caso de reacciones adversas.
- Comprobar la permeabilidad de la vena antes de iniciar la infusión del citostático (que refluye y que pase suero salino sin dificultad). Se infundirán primero los medicamentos vesicantes (si varios medicamentos son vesicantes se administrarán primero los que estén preparados en menor volumen).
- De forma periódica, durante la infusión, vigilar la zona de punción y verificar la permeabilidad de la vena. En tratamientos prolongados es conveniente comprobar la permeabilidad cada 3-4 horas.
- Insistirle en que, durante la administración del tratamiento, nos avise inmediatamente ante cualquier sensación de quemazón, dolor, prurito o hinchazón alrededor de la zona de punción, así como si observa fugas en el sistema o detención del goteo e informarle también de que en ocasiones los síntomas de una extravasación aparecen varios días después de la infusión.
