Los anestésicos generales son un grupo de sustancias estructuralmente diferentes entre sí, pero que tienen en común la capacidad de inducir, un estado de comportamiento llamado anestesia general, que permite la realización de intervenciones quirúrgicas u otros procedimientos agresivos.
La anestesia general en un sentido amplio, se puede definir como un estado de depresión del SNC inducido por fármacos, que conlleva un estado reversible de pérdida de conciencia y bloqueo de la reactividad ante estímulos dolorosos. Sin embargo, esta definición no es del todo completa ya que, con una anestesia general, además de la pérdida de conciencia y la insensibilidad al dolor, se buscan además otros efectos tales como el bloqueo de reflejos somáticos y vegetativos, la amnesia y la inmovilización. Si bien un anestésico general, puede producir todos estos efectos, las dosis para logarlo serían muy altas, aumentando de forma inadmisible el riesgo de reacciones adversas y de toxicidad. Por este motivo, en los procedimientos de anestesia general se utilizan combinaciones con varios fármacos para conseguir los efectos mencionados, de tal manera que las dosis de anestésicos sean menores, no representando un riesgo para el paciente. Además de esto, las combinaciones de fármacos consiguen un mejor manejo del paciente y una anestesia más completa.
Los anestésicos generales son fármacos peligrosos con índices terapéuticos muy estrechos que requieren un gran cuidado en su administración. Los agentes anestésicos presentan diferencias entre ellos en la consecución de la anestesia y en sus efectos adversos por lo que la elección de uno u otro estará en función de sus propiedades farmacocinéticas, la edad del paciente, fisiopatología y fármacos utilizados.
El primer anestésico general que se demostró útil fue el éter en el año 1846 (actualmente en desuso). El cloroformo fue el siguiente anestésico general de amplio uso desde 1847. Años más tarde se descubrieron las propiedades anestésicas del óxido nitroso, y en 1929 se descubrieron las del ciclopropano que se convirtió en el anestésico más utilizado durante los 30 años posteriores hasta que se sintetizó el halotano en 1956.
El primer anestésico intravenoso fue el tiopental en 1935. En la actualidad los agentes anestésicos intravenosos se han convertido en los más utilizados para inducir anestesia general, mientras que los inhalados se suelen utilizar para el mantenimiento de la misma.
Entre los efectos habituales que produce la administración de un anestésico general destacan los siguientes:
- Efectos hemodinámicos: El efecto más importante en la inducción de la anestesia es una merma de la tensión arterial causada por vasodilatación directa, depresión del miocardio o ambos factores. También existe una disminución del control de los barorreceptores y decreciendo el tono simpático central. Existe cierto grado de variabilidad en cuanto a la magnitud de la caída, en función del agente anestésico empleado.
- Efectos en las vías respiratorias y digestivas: Casi todos los anestésicos generales disminuyen o eliminan el impulso ventilatorio por lo que será necesario utilizar ventilación asistida durante su administración. Además, se pierde el reflejo nauseoso y disminuye el estímulo para la tos. Disminuye también el tono del esfínter esofágico inferior con el consiguiente riesgo de broncoaspiración. La intubación endotraqueal disminuye este riesgo. Los agentes bloqueantes neuromusculares ayudan a la colocación del tubo endotraqueal.
- Hipotermia: Además de factores como la temperatura ambiente, la exposición de cavidades corporales o el uso de soluciones intravenosas frías, los anestésicos generales causan hipotermia por la vasodilatación generalizada y la disminución de la temperatura central. Además, disminuye el metabolismo y el consumo de oxígeno con lo que se aminora la producción de calor. Por este motivo, uno de los objetivos prioritarios durante la anestesia es evitar la hipotermia.
- Náuseas y vómitos: Especialmente comunes durante el postoperatorio.
- Otros efectos que suelen aparecer al recuperar la conciencia son la hipertensión arterial, la taquicardia por recuperación del tono simpático y la activación por el dolor. Puede surgir en ocasiones isquemia en el miocardio y signos neurológicos. También puede aparecer obstrucción de las vías respiratorias por efecto residual del anestésico y disminución parcial de conciencia. El control del dolor en el postoperatorio puede resultar en ocasiones complicado, se verá con más detalle en el apartado de analgesia.
