Antisépticos y Desinfectantes


Los antisépticos y desinfectantes son sustancias químicas que se utilizan con la finalidad de reducir el número de microorganismos presentes en un material o en la superficie del cuerpo.

Los antisépticos son fármacos antimicrobianos que se aplican de forma tópica con el fin de destruir los gérmenes nocivos o impedir su crecimiento y multiplicación. También se denominan germicidas de superficie. Cualquier procedimiento en el que se altere la barrera natural de la piel, debe ir precedido de la aplicación de un antiséptico, ya que en la piel y anejos encontramos gran cantidad de micoorganismos potencialmente infecciosos.


Por su parte, los desinfectantes son agentes químicos que impiden la propagación de la infección destruyendo todos los microorganismos patógenos, pero que a diferencia de los antisépticos, por su elevada toxicidad solo pueden ser aplicados sobre objetos inanimados.

Cualquier objeto que vaya a entrar en contacto con piel no intacta o mucosas debe ser convenientemente desinfectado para evitar la propagación de infecciones, ya que el número de microorganismos patógenos presentes en los objetos inanimados puede ser muy elevado y podrían penetrar en el organismo en caso de una inadecuada limpieza y desinfección.

 

Hay diferentes factores que influyen en una adecuada desinfección, entre ellos cabe destacar los siguientes:

  • Tipo de microorganismos: se entiende que unos microorganismos son más resistentes que otros a la acción de los antisépticos y desinfectantes. Asumiendo que los priones y las esporas serían los más resistentes.

  • Cantidad de microorganismos presentes: a mayor cantidad de microorganismos se necesitará mayor cantidad de desinfectante o mayor tiempo de exposición. Por eso es importante antes de aplicar un desinfectante, la limpieza previa de la zona o el instrumental con el fin de reducir el número de gérmenes.

  • Tiempo de actuación y concentración del producto: cada sustancia requiere un tiempo de acción determinado que habrá que respetar para conseguir el máximo efecto. Igualmente, a mayor concentración, mayor poder desinfectante, pero también mayor toxicidad. Concentración y tiempo tienen una relación inversa, de manera que a mayor concentración se requiere menor tiempo de actuación.

  • Presencia de materia orgánica y otras sustancias: la presencia de moco, pus, heces, etc. puede interferir en la acción del desinfectante, por lo que habrá que tenerlo presente a la hora de utilizarlo en presencia de estos componentes. Igualmente, cualidades como la dureza del agua o la utilización de jabones o detergentes pueden variar el poder del desinfectante. En ocasiones, estos también pueden verse desactivados por la interacción con sustancias naturales o productos sintéticos tales como el caucho, algunos plásticos o el corcho.

  • Superficie de actuación: superficies irregulares dificultan la entrada del desinfectante y favorecen la presencia de focos de infección.

  • Temperatura: la temperatura óptima de acción de los desinfectantes es entre 10 y 20ºC, por ello, no deben guardarse en la nevera ni próximos a focos de calor. Además, algunos de ellos pueden ser inflamables y en caso de contacto con calor podrían generar un incendio. También pueden ser volátiles y si se aumenta la temperatura desprender vapores tóxicos.