La farmacología de la respuesta inmunitaria es una de las partes de la farmacología con mayor desarrollo de los últimos años y que sin duda continuará desarrollándose por las numerosas aplicaciones que tiene la intervención terapéutica sobre el sistema inmunológico. Por lo tanto, el objetivo de este tema es hacer un repaso general de los fármacos más comunes que actúan sobre el sistema inmune. Para profundizar en su conocimiento se recomienda consultar la bibliografía especializada.
Actualmente, las principales indicaciones de los medicamentos inmunosupresores son las enfermedades autoinmunes, el trasplante de órganos y algunos tipos de cáncer. Aunque hace más de 50 años que se utilizan, su mayor desarrollo se ha producido en los últimos 20 años logrando fármacos más eficaces y menos tóxicos.
El sistema inmunitario es el encargado de defender al organismo frente a agresiones externas. Lo conforman diferentes tipos de células con autonomía propia pero que establecen sinergias entre ellas. Su correcto funcionamiento se basa en tres principios:
- Ser capaz de identificar las situaciones de peligro.
- Seleccionar los agentes más adecuados para la respuesta.
- Minimizar el daño al propio organismo.
Clásicamente, la respuesta inmunitaria se ha dividido en:
- Respuesta inmunitaria natural o innata: se considera una respuesta inespecífica y en ella intervienen todos los leucocitos de la sangre salvo los linfocitos. Reconoce señales de peligro comunes a la mayoría de los microorganismos.
- Respuesta inmunitaria adquirida: la desarrollan los linfocitos T y B y ciertas células específicas que son exclusivas frente a determinado antígenos y que generan una memoria inmunológica. Es complementario al anterior, reconoce lo “imprevisto” y mejora el rendimiento de la respuesta innata.
En la actualidad, se considera que ambos tipos de respuestas conforman un único sistema, aunque se siguen manejando ambos términos para ayudar a comprender el funcionamiento del sistema inmune.
Cuando el sistema inmunitario se activa frente al propio huésped, se desarrolla lo que se denomina una enfermedad autoinmune. También puede ocurrir que al recibir un órgano de un donante, el organismo lo reconozca como extraño y pongan en marcha la respuesta inmunitaria para destruir al órgano. Otras veces, enfermedades de tipo oncológico provocan una proliferación anormal de células inmunitarias. En cualquiera de los casos, el tratamiento se basa en suprimir la acción del sistema inmunitario.
Los fármacos pueden producir la suspensión del sistema inmune mediante 8 mecanismos generales:
- Inhibición de la expresión génica para modular las respuestas inflamatorias: glucocorticoides.
- Agotamiento de las poblaciones de linfocitos en expansión: citotóxicos.
- Inhibición de la señalización de los linfocitos.
- Neutralización de mediadores de la respuesta inmunitaria como las citosinas.
- Agotamiento de células inmunitarias determinadas.
- Bloqueo de la coestimulación.
- Bloqueo de la adhesión celular.
- Inhibición de la inmunidad innata.
Se desarrollan a continuación los principales fármacos y grupos de fármacos que actúan siguiendo estos mecanismos.
