Las principales circunstancias que llevan a la disminución de la movilidad o a la inmovilidad son:
- Enfermedades agudas y cónicas.
- Alteraciones musculoesqueléticas como artritis reumatoide, procesos degenerativos articulares, accidentes, postquirúrgicos, disminución de la masa ósea y muscular, etc.
- Alteraciones neuromusculares como esclerosis múltiple, Parkinson, parálisis cerebral, ACV, etc.
- Alteraciones sensoriales como falta de visión.
- Alteraciones nutricionales, tanto obesidad como anorexia.
- Disminución de la energía como la insuficiencia cardiaca, el EPOC, etc.
- Dolor.
- Estados depresivos.
- Indicación de restricción de movimiento.
- Barreras ambientales y sociales.
La inmovilidad lleva a la persona a la incapacidad para desarrollar las actividades de su vida diaria, haciéndose por tanto dependiente del cuidado de otros, con todo lo que esto conlleva. La inactividad y el desuso del sistema musculoesquelético llevan de forma rápida a la degeneración, pérdida funcional y aparición de complicaciones a todos los niveles, por lo que la formación a los cuidadores en este aspecto es primordial para que promuevan y faciliten una vida activa en las personas mayores en función de sus posibilidades, respetando siempre sus capacidades por escasas que parezcan.
