1.4. Planificación de respuestas
Ahora ya conocemos los riesgos que nos afectan y después del análisis, sabemos cuáles son más relevantes, cuáles son sus causas y que factores influyen. Como ya comentamos, dada la limitación de recursos disponibles, necesitamos planificar como vamos a abordarlos, conscientes de que no podemos afrontar el 100% de ellos. La planificación supone dar respuesta a preguntas como: ¿Cómo vamos a prevenirlos o minimizarlos?, ¿qué nivel de riesgo aceptamos? o ¿cómo vamos a reaccionar si suceden? En esta fase se incluyen las actuaciones realizadas para eliminar, reducir y mitigar los riesgos y en caso necesario asegurarlos.
Para dar respuesta a estas preguntas tendremos que tener en cuenta la probabilidad de aparición y la trascendencia (gravedad e impacto). Según la probabilidad de aparición, el riesgo lo podemos clasificar en frecuente, probable, ocasional, infrecuente y raro. La gravedad clínica puede ir desde el fallecimiento del paciente a producir una prolongación de la estancia hospitalaria o molestias de escasa relevancia. Del mismo modo, la aparición de determinados EAs puede dar lugar a repercusiones sociales, económicas, mediáticas, medioambientales, judiciales, de impacto variable. Este impacto puede clasificarse en: catastrófico, importante, moderado, pequeño o insignificante.
A la representación gráfica que relaciona la trascendencia (impacto y gravedad) con la magnitud (frecuencia o probabilidad de aparición) de un riesgo, se la denomina matriz de evaluación de riesgos (se muestra en la Tabla 4). La matriz permite agrupar los riesgos en las siguientes categorías: riesgos intolerables por su altísima probabilidad y trascendencia; importantes, con menor probabilidad y repercusiones; moderados, de trascendencia moderada o tolerable y probabilidad media de aparición; y bajos, debido a su escasa frecuencia y relevancia.

Tabla 4. Matriz de evaluación de riesgos.
Fuente: Recio M, Limón R, Martín A. La gestión del riesgo sanitario. En: Gestión sanitaria: calidad y seguridad de los pacientes. Madrid. Fundación Mapfre. 2008: 271-277.
Las respuestas se suelen agrupar en tres tipos según las posibilidades de prevención o evitabilidad: evitar el riesgo, mitigar el riesgo y aceptar el riesgo. La prioridad de intervención será tanto mayor, cuanto más importante sea el riesgo (intolerable, importante, moderado y bajo) y según la factibilidad de la intervención. Así, se establecen tres planes de intervención:
- Planes de erradicación, centrados en la eliminación de todos aquellos factores que pueden contribuir a la aparición de un EA claramente evitable, de acuerdo al conocimiento disponible, factibilidad económica. Estaríamos hablando de programas para prevención de transfusiones erróneas, protocolos dirigidos a evitar el olvido de cuerpos extraños en el curso de intervenciones quirúrgicas, etc.
- Planes de reducción, dirigidos a controlar aquellos aspectos que pueden reducir de forma significativa la aparición de EA no evitables por completo. Estaríamos hablando de Programas de prevención de infecciones o errores de medicación, checklist quirúrgico, etc.
- Planes de mitigación, encaminados a minimizar las posibles consecuencias de la aparición de un EA, actuando precozmente sobre el mismo. Un ejemplo serían los programas de actuación ante parada cardiorrespiratoria.
1.5. Despliegue de la Gestión de Riesgos
Esta fase comprende el proceso de comunicación (como vamos a comunicar todo lo relacionado con los riesgos que involucran al área o el servicio), asignación y delegación de responsabilidades, tareas, procedimientos (debe nombrarse un responsable para cada plan de respuesta), así como establecer indicadores de seguimiento. Hay que trabajar en equipo e involucrar a las personas, que se encargarán de su gestión y seguimiento. También es importante dotarse de los recursos necesarios para gestionarlos y ponerse plazos de tiempo para su desempeño.
1.6. Implementación y seguimiento
En esta fase el equipo lleva a cabo un seguimiento y gestiona sus riesgos e incorpora las lecciones aprendidas a sus procesos con el fin de robustecerlos. Es vital el respaldo de una cultura de gestión de riesgos y mejora continua.
