La finalidad de la prevención secundaria es la detección y abordaje precoz de los EAs o la neutralización de sus consecuencias si no han podido ser evitados. La finalidad de este nivel de prevención es mitigar las consecuencias para el paciente y los servicios sanitarios.
Entre otras, destacamos las siguientes actividades:
- Implantar sistemas epidemiológicos de vigilancia de incidentes y EAs,
- Implantar sistemas de notificación de EAs: caídas, ulceras por presión o reacciones adversas a medicamentos, sistemas de notificación de incidentes.
- Comunicar adecuadamente el daño y mejorar los sistemas de comunicación entre estamentos profesionales y servicios.
- Actuación proactiva con el paciente, comunicándole precozmente la aparición del EA, las actuaciones que se seguirán para minimizar sus consecuencias y evitar que vuelva a suceder.
Los objetivos de la prevención terciaria son reducir las consecuencias del EA (secuelas, incapacidad, dolor, sufrimiento) y evitar o dificultar su repetición. Para ello las actividades más apropiadas son las siguientes:
- Implantar “Sistemas de Registro” o “Análisis de causas raíz” que permita el análisis detallado y pormenorizado de las causas que han contribuido a la aparición del EA.
- El diálogo cuidadosamente planificado con el paciente que ha sufrido el EA y una atención clínica y personal esmerada con el mismo.
- Implantar comités de conciliación y sistemas de indemnización.
Por último, es pertinente hablar de una prevención cuaternaria, entendida como las acciones desarrolladas para identificar a los pacientes con riesgo de sobretratamiento, para protegerles de nuevas intervenciones médicas y sugerirles alternativas éticamente aceptables. También conocida como la intervención que atenúa o evita las consecuencias del intervencionismo médico excesivo, innecesario y de insuficiente evidencia. Los fallos en este tipo de prevención en la práctica clínica pueden originar EAs y agravar las consecuencias de sobretratamiento de algunos EAs.
