Diagnóstico del síndrome compartimental
Ante la sospecha clínica en pacientes de riesgo se debe realizar una monitorización de la presión intracompartimental. Se determinará a través de una aguja conectada a un manómetro o transductor, preferiblemente con medición de presión continua. Se considera que la presión normal de un compartimento muscular oscila entre 10‐12 mmhg.
La cifra de tensión intracompartimental, por encima de la cual se debería realizar una fasciotomía no está clara y se han sugerido presiones absolutas por encima de 30 mmhg. Se han postulado otros métodos para confirmar el diagnóstico como la resonancia magnética, que permitiría visualizar el edema y la pérdida de la textura normal del, la escintigrafía, que evaluaría la perfusión regional, el doppler o la espectroscopia de infrarrojos que mide variaciones en los niveles de hemoglobina y mioglobina muscular, son métodos más limitados y con gran variabilidad.
Tratamiento del síndrome compartimental
El tratamiento debe ser lo más precoz posible, se iniciarán medidas conservadoras, como mantener una presión arterial óptima en pacientes con hipotensión, retirar todo aquello que comprima la extremidad como yesos o vendajes, dar soporte de oxígeno suplementario y dejar la extremidad a nivel del corazón para no aumentar el edema. En los casos en los que los signos y síntomas se mantienen a pesar de las medidas conservadoras, se debe plantear la realización de fasciotomías extensas, que permitan abrir en el caso de la extremidad inferior los cuatro compartimentos, con lo que conseguiremos disminuir la presión y restituir el flujo sanguíneo a los tejidos.
