1.2. Cefalosporinas
Existen más de 20 cefalosporinas diferentes siendo una de las clases más amplia de antibióticos. El mecanismo de acción es idéntico al de las penicilinas. En muchas ocasiones tienen nombres similares lo que puede originar confusiones. Se clasifican por generaciones en:
- Primera generación: cefazolina, cefalexina, cefradina y cefadroxil. Son útiles para cocos gram positivos. La cefazolina es activa frente al Enterobacter. Las bacterias productoras de betalactamasa son resistentes. Se utilizan en infecciones de la piel y tejidos blandos.
- Segunda generación: cefaclor, cefoxitina, cefuroxima entre otras. Son eficaces para infecciones caudadas por bacilos gramnegativos como Haemophilus influenzae. En general son más potentes que las de primera generación, pero han sido desplazadas por las de tercera generación.
- Tercera generación: ceftazidima, ceftizoxima, ceftriaxona, cefixima entre otras. Se utilizan en infecciones originadas por cocos gram positivos y gram negativos y bacilos gram negativos. Son resistentes a las betalactamasas y son fármacos de elección para infecciones por Pseudomonas, Klebsiella, Neisseria, Salmonela, Proteus y Haemophilus influenzae.
- Cuarta generación: cefepima y cefpiroma.Combina la actividad gram positiva de los fármacos de primera generación y la gram negativa de los de tercera. Además, junto a las de tercera generación son capaces de entrar en el líquido cefalorraquídeo para tratar infecciones del sistema nervioso central.
Aunque, se pueden administrar por vía oral, la vía más utilizada es la parenteral. Se distribuyen de manera generalizada y la eliminación es renal salvo la Ceftriaxona que se elimina por bilis en un 40%. Atraviesan la barrera placentaria por lo que deben usarse con prudencia en embarazadas.
En cuanto a las reacciones adversas, las más frecuentes son las de hipersensibilidad cruzadas entre ellas y posiblemente con las penicilinas. Se estima que entre el 5% y el 10% de los pacientes alérgicos a las penicilinas lo son también a las cefalosporinas. Pueden producir alteraciones sanguíneas sobre todo en ancianos por interferencia con el metabolismo de la vitamina K. Aumentan el efecto de la inhibición plaquetaria. También pueden producir náuseas y diarrea y se ha descrito nefrotoxicidad, especialmente para la Cefradina.
