1. INTRODUCCIÓN
Como ya hemos señalado, el peso de los cuidados de las personas mayores, los pacientes crónicos, los discapacitados, etc recae tradicionalmente en la familia, continuando en la actualidad con esta tendencia. Los cuidadores informales constituyen la principal fuente de cuidados de personas dependientes, por parte de familiares, amigos u otras personas que no reciben retribución económica por la ayuda que ofrecen.
A pesar de la incorporación de la mujer al mundo laboral y el avance social en equiparación de roles entre hombre y mujeres, el perfil del cuidador informal es el de una mujer (68-87%), de mediana edad, con bajo nivel de estudios y familiar directo del paciente, hija o cónyuge, aunque se empieza a percibir una externalización del entorno doméstico y un cierto aumento del cuidado formal o profesional. Pero esta delegación del cuidado familiar no supone la sustitución sino un complemento que permite mejorar la calidad de los cuidados en caso de cuidadores bien formados para ello y el alivio de la dedicación de la atención que se provee al familiar.
2. EL IMPACTO DE ASUMIR LOS CUIDADOS
Asumir los cuidados familiares supone una gran responsabilidad y un enorme esfuerzo que genera importantes efectos sobre la salud física, psicológica y de autocuidado del cuidador, sobre su vida laboral, su ocio y descanso, la economía familiar y que desemboca en el llamado síndrome del cuidador. El impacto de asumir los cuidados en el núcleo familiar supone cambios en la dinámica del hogar, derivando a la asunción de nuevos roles, a la pérdida de otros y asumiendo una responsabilidad inesperada.
