El estado nutricional de todo paciente quemado debe ser adecuado y valorado de forma objetiva y continuada, con el objetivo de disminuir la mortalidad, las complicaciones y optimizar la cicatrización de las heridas. Debe iniciarse de forma precoz por vía enteral siempre que sea posible y no esté contraindicada. Se prefiere como primera elección la vía enteral frente a la vía parenteral porque presentar menor índice de complicaciones, su coste es menor, es de fácil manejo, existe menor riesgo de infección y mantiene el peristaltismo intestinal.
Los cuidados de enfermería se realizarán en torno al sondaje enteral, por lo que se procura que la fijación de la sonda no se produzca sobre piel lesionada o en contacto
con las aletas nasales para evitar UPP, se comprobará radiológicamente que su colocación es correcta, se lavará con 20cc de agua antes y después de la administración de medicación, se valorará que la nutrición se realiza de forma correcta y se evitará el reflujo gástrico y el riesgo de broncoaspiración colocando al paciente en posición semi-Fowler.
Los requerimientos nutricionales serán valorados a partir del gasto energético que tiene relación con la superficie corporal quemada, la profundidad de la quemadura, la lesión por inhalación y la presencia de infección.
El soporte nutricional se orienta por la severidad de la agresión y debe ser fundamentalmente normocalórico e hiperproteíco y a de hacerse precozmente en las primeras 6 horas para evitar la desestabilización metabólica e inmunitaria. Aunque no existe numerosas evidencias científicas, si es recomendable por los efectos beneficios el empleo de una dieta con suplementos de glutamina, que protege del catabolismo muscular y requerimientos diarios de vitaminas como la vitamina C, el sulfato de zinc y el ácido fólico que intervienen en la regeneración tisular.
