Para ello, los pilares del tratamiento son:
- Alimentación
La alimentación de la diabética embarazada no debe ser ni hipocalórica ni restrictiva en hidratos de carbono. Sólo el azúcar refinado y los productos que lo contienen en grandes cantidades (pasteles, caramelos, mermeladas y refrescos) deben ser prohibidos.
El aporte calórico y el incremento de peso ha de ser similar al de las embarazadas no diabéticas. Se aconseja una dieta de 35-38 kcal/kg de peso ideal pregestacional y día, compuestas por un 48-55% de hidratos de carbono, un 20% de proteínas y un 25-30% de lípidos.
La distribución calórica a lo largo del día y el número de ingestas debe fraccionarse, con objeto de disminuir la cetogénesis y evitar las hipoglucemias. Una opción correcta sería distribuir la alimentación en 6 ingestas con un intervalo entre ellas no mayor de 3,5 horas y un ayuno nocturno no mayor de 8 horas.
Se recomienda evitar dietas rígidas y adaptar la propuesta alimentaria lo más posible a las costumbres, los horarios y las preferencias de la embarazada, puesto que esto facilitará su cumplimiento.
- Ejercicio
El ejercicio físico se ha mostrado efectivo como terapia en la diabetes pregestacional y también puede mejorar la situación de la diabetes gestacional. Debe recomendarse la realización de un ejercicio moderado diario (paseo, etc.).
En las mujeres que practiquen algún deporte se ha de favorecer su mantenimiento siempre que no interfiera con la buena evolución de la gestación.
